Missing You


Todo lo que puedes echar de menos...


Sunggyu cerró la puerta suspirando y empezó a andar por la casa. Iba tocando y mirando cada trozo de la casa, primero la madera de la puerta, siguiendo el camino con la mirada, luego el recibidor;  el par de zapatillas junto a las que solía haber otro par; las paredes que tantas risas, palabras y lloros habían escuchado;  el salón, con ese sofá que había vivido muchos momentos únicos; la tele a la que nunca había prestado mucha atención; el balcón donde había estado mil veces apoyado mirando las estrellas; la cocina que había vivido mil experimentos culinarios…. Y finamente llegó a la habitación. Soltando un suspiro más largo, se apoyó en el marco de la puerta con las manos en los bolsillos y miró el interior. La cama deshecha, como siempre había estado antes, la ropa tirada por ahí, parte de Woohyun y parte suya; su portátil, fotos, mochila, gorras… todo solamente suyo, excepto por una cosa. Con pesadez caminó hacia la mesilla y sacó de su interior un colgante y una foto, un par de recuerdos, simples pero demasiado importantes. Tragó saliva notando cómo se le hacía un nudo en la garganta mientras recorría la fotografía con dedos temblorosos. Cogió aire intentando contener las lágrimas, pero el hecho de estar solo en la casa y de tener aquello en las manos, hizo que las lágrimas brotaran por sus ojos sin detenerse. Arrugó ligeramente las esquinas de la foto, allí donde la agarraban sus dedos y desvió la mirada limpiando las lágrimas con la mano donde llevaba el colgante. Lo levantó en alto mordiéndose el labio. Observó la pequeña llave que pendía del colgante, balanceándose antes sus ojos. Lo atrapó entre los dedos recordando las palabras “imagina que es la llave de tu corazón ¡y ahora es mía! Así que tú también eres mío…”.

Levantó el puño deseando lanzarlo lejos, buscando alejar con él ese recuerdo, pero se detuvo a medio camino, dejando caer de nuevo el colgante ante sus ojos. Negando, abrió el cierre y se lo colocó alrededor del cuello, mirándose después al espejo. Las marcas de las lágrimas seguían ahí, y la tristeza seguía ocupando su mirada.

-Ojalá te fijes en el colgante cuando me veas… - susurró mirando su reflejo.

Escuchó la puerta abrirse y alguien que se acercaba, pero no hizo nada. No se movió. Estaba cansado de ocultar sus lágrimas, necesitaba que alguien le viese llorar y le cuidase por una vez.

-¿Hyung? ¿Estás bien…?

Al girar la cabeza se encontró con Woohyun, que le miraba preocupado.

-Se…ha ido… - consiguió responder, antes de morderse el labio y empezando a llorar de nuevo.

El menor entendió a qué se refería y se acercó, pasándole un brazo por los hombros y acompañándole a que se sentase en la cama, notando cómo el líder se desmoronaba entre sus brazos. Le escuchó sollozar, gritar su nombre, pedir que volviese, pedir perdón… y lo único que pudo hacer fue abrazarle y hacerle ver que estaba allí para él.

-Hyung… no te tortures más… las cosas pasan por alguna razón, no tienes la culpa de esto… puede que la dejases marchar, pero no puedes intentar solucionar tus errores llorando sin más…

Sunggyu levantó la cabeza, limpiándose las lágrimas de nuevo con la mirada perdida en algún lugar.

-Sin ella… todo… -suspiró tratando de recuperar el aliento, pero las palabras pesaban como piedras – Todo me recuerda a ella, a nosotros, a lo que pudimos vivir y no llegó a nada... por mi miedo... p-por no tener el valor de confesarle lo que sentía… y ahora…

-Hyung…  vivisteis algo único aunque no le confesases nada… mira tus manos si no…

Sunggyu miró la foto, llena de lágrimas que manchaban la cara de la chica, y el colgante que caía por sus dedos. Saber que pudo ser y no lo fue, le sentó como una puñalada en el corazón.

-La echo de menos… Woohyun yo…

Pero las palabras se ahogaron antes de salir por su boca, haciéndole sollozar de nuevo mientras el menor le volvía a abrazar, apoyando su cabeza en la del mayor.

Lloró hasta que sus pulmones dijeron basta y le dejaron hipando entre los brazos del otro, hasta que todo el dolor salió de su corazón. La echaba de menos, mucho, demasiado. La había dejado marchar por miedo a no poder darle todo lo que ella se merecía, y ahora lo único que podía ofrecerle era un recuerdo borroso y un corazón roto. La había visto marchar, subirse a ese tren que la alejaría de él, todo por no decirle que la quería a su lado. “Me quedo si me lo pides” había dicho ella. Pero él había preferido decirle que debía hacer lo que fuese mejor para ella. La vio marchar, apoyada en el cristal, mientras caminaba por la estación hasta el final del camino, el lugar donde la separaban de ella por completo. Miró el tren hasta que se perdió en la lejanía, hasta que el horizonte se tragó lo que más quería en el mundo. Sintió como su corazón se despedazaba, cómo la gente pasaba a su alrededor sin prestarle atención, dejándole allí de pie dándose cuenta de su error.

Habían pasado 2 meses desde entonces. 2 meses en los que no se había parado a pensar en lo que había pasado, todo era un sueño para él, algo irreal, ella seguía allí, presente… pero aquel día, dos meses después, justo el día en que, tiempo atrás, se había dado cuenta de lo que sentía, la realidad llegó del golpe. Y allí estaba, pidiéndole a gritos que volviese, que le dejase mostrarle lo que no había sido capaz de darle…

Pero hay deseos que se resisten a hacerse realidad, por muchas esperanzas que pongas en ellos… Debía aprender a ser fuerte, borrar las lágrimas y formar otro deseo… Porque los golpes son los que nos hacen fuertes, y solo las lágrimas nos muestran que es así en realidad…
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